Y qué sobre las GRASAS?
Dr. Acevedo • 7 de febrero de 2022
Y SOBRE LAS GRASAS: saturadas e insaturadas
Siempre una de las grandes incógnitas en la alimentación humana es sobre el papel de las grasas saturadas e insaturadas: sabemos que las grasas saturadas son “malas” y hay que tratar de evitarlas, pero ¿en qué se diferencian de las insaturadas? Para ello es importante entender qué son las grasas y cómo las utiliza nuestro organismo.
Los ácidos grasos (saturados e insaturados) no están muy presentes en estado libre: se encuentran en las grasas de los alimentos y pueden estar ya presentes de forma natural en los alimentos o aparecer como un ingrediente añadido.
Son una fuente de energía importante, sin embargo, la tendencia es a consumirse en grandes cantidades o demasiado altas (ya sea por su sabor y/o gusto) y el resultado es que se acumulan en áreas específicas del cuerpo como GRASAS DE ALMACENAMIENTO.
Las cantidades recomendadas en una dieta equilibrada no deben superar el 30% de la energía total, pero esto dista mucho de lo que realmente se hace en la alimentación diaria, haciendo que su consumo sea muy elevado.
Los ácidos grasos se dividen en esenciales y no esenciales: los esenciales, como su nombre lo indica, son aquellos que deben obtenerse de la dieta, los demás no, ya que nuestro organismo es capaz de sintetizarlos a partir de otras moléculas.
Otra subdivisión de las grasas, es la que existe entre grasas saturadas e insaturadas; las insaturadas se dividen a su vez entre monoinsaturadas y poliinsaturadas.
¿Qué son las grasas saturadas?
Una de las principales características de las grasas saturadas, que a su vez permite distinguirlas a primera vista de las insaturadas, es que son sólidas a temperatura ambiente. Tienen una alta temperatura de fusión y son casi todos de origen animal.
Entre las grasas vegetales, sólo las tropicales (palma y coco) contienen una elevada cantidad de grasas saturadas, por ello estas frecuentemente están compactas cuando las compramos directamente en el supermercado, recuerda cuando compras el aceite de coco; todas las demás grasas vegetales son insaturadas, contienen solo cantidades mínimas de grasas saturadas.
Ninguna de las grasas saturadas es esencial: todas ellas pueden ser sintetizadas por el cuerpo humano. POR LO TANTO, NO ES NECESARIO INTRODUCIRLOS CON LA DIETA. La cantidad máxima recomendada es el 10% de las calorías diarias (ojo al dato), pero no hay una cantidad mínima, de hecho, es mejor prescindir de ella por completo de nuestra alimentación en la mayor medida de lo posible.
¿Por qué las grasas saturadas son malas?
Una dieta rica en grasas saturadas, grasas trans y colesterol, como bien sabemos no es nada saludable: ya que puede provocar un aumento de los niveles de colesterol LDL en sangre (el "malo") y este a su vez es el terreno eficaz para todas las enfermedades cardiovasculares.
Esto se debe a que las grasas saturadas son difíciles de metabolizar (eliminar o convertir en otros componentes) y, por lo tanto, tienden a acumularse en el torrente sanguíneo, lo que hace que aumente el colesterol y a su vez se formen placas grasas en los vasos sanguíneos con todas sus malas consecuencias para la salud.
Pues bien ¿en qué alimentos encontramos las grasas saturadas?
Los alimentos más ricos en ácidos grasos saturados, y por lo tanto a EVITAR, son:
• manteca de cerdo
• mantequilla
• yema de huevo
• carnes de todo tipo
• embutidos prefabricados o curados
• pescados
• mariscos
• leche
• quesos
• aceite de coco
• aceite de palma.
Y ahora ¿Qué son las grasas insaturadas?
Las grasas insaturadas se encuentran principalmente en los aceites vegetales y son líquidas a temperatura ambiente, una de sus principales características diferenciables a simple vista como lo he indicado antes. Importante recordar.
Algunas de ellas son GRASAS ESENCIALES y, por lo tanto, deben introducirse con la dieta cualquiera que sea el tipo de alimentación que lleves. A diferencia de las grasas saturadas, estas grasas no causan enfermedades cardiovasculares, sino que por el contrario llegan a tener un papel cardioprotector.
Esta es una de las muchas razones por las que una DIETA BASADA EN PLANTAS es mucho más saludable que una basada en alimentos de origen animal (OBVIAMENTE, LOS PRODUCTOS INDUSTRIALES QUE CONTIENEN GRASAS SATURADAS, HIDROGENADAS O TRANS VEGETALES TAMBIÉN SERÁN ELIMINADOS, O MUY LIMITADOS).
Como os he explicado las grasas insaturadas no son dañinas, pero tampoco es recomendable consumirlas en grandes cantidades: la ingesta de estas grasas deben rondar siempre alrededor del 30% de las calorías de la dieta diaria.
Las grasas insaturadas se dividen en:
• Monoinsaturados: el más común es el oleico, principal componente del aceite de oliva y el aguacate.
• Poliinsaturados: entre estos se encuentran los ácidos grasos esenciales, omega-3 y omega-6, que deben estar presentes si o si en nuestra dieta.
Los omega-6 son de los fáciles de introducir en las dietas, ya que, están presentes en cantidades demasiado altas, porque se encuentran en todos los aceites vegetales. En cambio, nuestros súper omega-3 son a los que debemos prestar especial atención, optando por consumir alimentos ricos en ellos, ya cumplen con una función que protegen contra algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, debido a su un gran poder antioxidante, antiinflamatorio y protector de los tejidos.
¿Dónde se encuentran las grasas insaturadas?
Los alimentos vegetales más ricos en grasas insaturadas son:
• semillas oleaginosas (sésamo, lino, chía, girasol, etc.)
• frutos secos (nueces, almendras, avellanas, anacardos, nueces de Brasil, piñones, pistachos, etc.)
• todos los aceites vegetales (oliva, semilla, cereal, etc.)
En particular, los ácidos grasos esenciales omega-3 se encuentran en las semillas de lino y chía (trituradas para extraer mayor cantidad), el aceite de linaza y las nueces.
¿Por qué se les llama saturada/insaturada a las grasas?
Su nombre proviene de la estructura química de las grasas: los ácidos grasos son sustancias orgánicas a base de carbono, hidrógeno y oxígeno; la parte central de su molécula está formada por una cadena de átomos de carbono.
Si todos los átomos de carbono de la cadena tienen enlaces con dos átomos de hidrógeno, hablamos de “grasa saturada”, porque los átomos de carbono no pueden formar enlaces con otros átomos, ya que no está libre, no tiene disponibilidad de más enlaces, la cadena ya está "saturada".
Y si, por el contrario, algunos átomos de carbono están unidos a un solo átomo de hidrógeno y por un doble enlace entre ellos, se dice que están insaturados, ya que ese átomo de carbono puede unirse a otros átomos, presentando disponibilidad para ello, esta libre, disponible para otro enlace.
Y para rizar el rizo un poco más, si a lo largo de la cadena el doble enlace entre los átomos de carbono aparece solo una vez, es una grasa monoinsaturada, pero si aparece varias veces es una grasa poliinsaturada. Sencillo, ¿no?
Espero que de esta entendamos un pelín más sobre las grasas y en vez de demonizarlas saber sobre ellas y sobre todo utilizarlas a nuestro favor y beneficio.
Y ya para terminar… es importante recordar:
• evitar en lo posible el consumo de grasas saturadas , que se encuentran principalmente en productos de origen animal y grasas vegetales tropicales (coco y palma)
• preferir el consumo de grasas insaturadas de los alimentos vegetales, PERO NO TE EXCEDAS, porque las grasas contienen muchas calorías. Recuerda que todo en exceso es malo.
• tome grasas omega-3 esenciales de fuentes vegetales. DATO IMPORTANTÍSIMO, grábatelo a fuego.
Así nos protegemos, alimentándonos adecuadamente y sobre todo sacándole el mayor de los partidos a las grasas y todos sus beneficios para la salud.

El Día Mundial del Teatro, celebrado cada 27 de marzo, nos recuerda el poder de la expresión humana. El teatro es emoción, narrativa y presencia. Pero más allá del arte, existe una dimensión profunda que conecta directamente con la salud: expresar lo que sentimos tiene efectos fisiológicos reales. Durante décadas, la medicina ha centrado su atención en los síntomas físicos. Sin embargo, cada vez más investigaciones muestran que el cuerpo y las emociones están profundamente interconectados. Las emociones no expresadas generan una activación sostenida del sistema nervioso. Cuando una persona reprime constantemente tristeza, miedo o enfado, el sistema nervioso simpático permanece activado durante más tiempo del necesario. Este estado prolongado eleva los niveles de cortisol y adrenalina, lo que a largo plazo puede afectar al sistema inmunitario, la digestión y la regulación hormonal. Investigaciones publicadas en Psychosomatic Medicine muestran que la supresión emocional se asocia con mayor riesgo de hipertensión, trastornos digestivos y síntomas inflamatorios. Por el contrario, expresar emociones de manera consciente puede tener efectos terapéuticos. Estudios sobre escritura emocional y terapias expresivas realizados en la Universidad de Texas demostraron que las personas que verbalizan o escriben sobre experiencias emocionales complejas presentan mejoras en parámetros inmunológicos y reducción del estrés fisiológico. El teatro, la música, el arte o incluso la conversación sincera activan regiones cerebrales relacionadas con la regulación emocional, como la corteza prefrontal y el sistema límbico. Estas áreas ayudan a procesar experiencias, integrarlas y disminuir la carga fisiológica asociada al estrés. Desde la medicina integrativa, esto se traduce en una visión clara: las emociones también forman parte del tratamiento de la salud. Claves prácticas Hablar abiertamente de las emociones con personas de confianza. Utilizar la escritura o el arte como herramientas de expresión. Practicar respiración consciente cuando aparezcan emociones intensas. Evitar reprimir emociones de forma sistemática. El cuerpo no distingue entre emociones físicas o emocionales. Todo lo que sentimos deja una huella en nuestra biología. Reflexión final Tal vez sanar no siempre signifique eliminar un síntoma. A veces significa simplemente atreverse a expresar lo que llevamos dentro. Dr. Acevedo.

Cada año, alrededor del 20 de marzo, ocurre un fenómeno astronómico que también tiene un impacto profundo en nuestra biología: el Equinoccio de primavera. Durante este momento, el día y la noche tienen prácticamente la misma duración, marcando el inicio de una nueva etapa en los ritmos de la naturaleza. Aunque muchas veces lo percibimos solo como un cambio climático, la ciencia moderna demuestra que estas transiciones estacionales influyen en nuestro organismo. Cambian los ritmos hormonales, el metabolismo y la actividad del sistema inmunitario. Desde la medicina integrativa, este periodo se considera un momento ideal para reajustar hábitos y favorecer el equilibrio mente-cuerpo. Uno de los sistemas más sensibles a los cambios de estación es el ritmo circadiano, regulado por el hipotálamo y sincronizado principalmente por la luz solar. A medida que aumentan las horas de luz en primavera, disminuye la producción de melatonina y se modifica la liberación de cortisol, lo que puede generar una sensación de mayor energía… pero también cierto desajuste temporal. Investigaciones en cronobiología publicadas en Chronobiology International han mostrado que estos cambios pueden provocar durante algunas semanas síntomas como cansancio, alteraciones del sueño o variaciones del estado de ánimo. Es lo que popularmente se conoce como astenia primaveral. Desde el punto de vista metabólico, el organismo también comienza a movilizar reservas energéticas acumuladas durante el invierno. Este proceso implica ajustes en el metabolismo de glucosa y lípidos, así como cambios en la microbiota intestinal. Un estudio publicado en Nature Communications demostró que la composición de la microbiota humana varía con las estaciones, lo que influye en la digestión, el sistema inmunitario y la regulación inflamatoria. Por eso, en medicina integrativa se recomienda acompañar esta transición con hábitos que faciliten la adaptación fisiológica. No se trata de realizar cambios bruscos ni dietas extremas, sino de favorecer una transición gradual hacia un metabolismo más activo. Incrementar el consumo de verduras frescas, aumentar el movimiento físico al aire libre y regular los horarios de descanso ayuda al organismo a sincronizarse con el nuevo ciclo de luz. Claves prácticas Aprovechar la luz natural de la mañana para regular el ritmo circadiano. Aumentar progresivamente la actividad física al aire libre. Priorizar alimentos frescos y ricos en fibra vegetal. Mantener horarios regulares de sueño. La primavera no empieza solo en los calendarios; empieza también dentro del cuerpo. Cuando comprendemos estos ritmos naturales, podemos acompañarlos en lugar de luchar contra ellos. Reflexión final La naturaleza cambia de estación sin esfuerzo. Tal vez la verdadera salud consista en aprender a cambiar con ella. Dr. Acevedo.

Dormir bien no es un lujo ni una simple cuestión de descanso. Hoy sabemos que el sueño es uno de los pilares más determinantes de la salud física, mental y metabólica. Sin embargo, en nuestra sociedad hiperactiva, dormir poco o dormir mal se ha normalizado. Muchas personas consideran aceptable vivir con cinco o seis horas de sueño, despertarse cansadas o depender del café para funcionar. La ciencia moderna está mostrando algo mucho más profundo: la falta de sueño altera el sistema inmunitario, aumenta la inflamación y acelera el envejecimiento biológico. En otras palabras, dormir mal no solo afecta a cómo te sientes; afecta directamente a cómo funciona tu cuerpo. Durante el sueño profundo, el organismo entra en un estado de reparación intensiva. Se activan procesos fundamentales como la regeneración celular, la regulación hormonal y la limpieza metabólica del cerebro. Uno de los descubrimientos más relevantes de los últimos años es el papel del sistema glinfático, un mecanismo que actúa como sistema de drenaje cerebral. Durante el sueño profundo, este sistema elimina proteínas tóxicas acumuladas en el cerebro, incluyendo beta-amiloide y otras sustancias relacionadas con enfermedades neurodegenerativas. Estudios publicados en Nature Reviews Neuroscience y The Lancet Neurology han mostrado que la privación crónica de sueño aumenta marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y diversas interleucinas. Esta inflamación de bajo grado se relaciona con enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, resistencia a la insulina y depresión. Pero el sueño no solo influye en el cerebro. También regula el equilibrio hormonal. Dormir poco altera la leptina y la grelina, hormonas que controlan el apetito. Esto explica por qué las personas con privación de sueño suelen tener mayor deseo de alimentos ricos en azúcar y carbohidratos refinados. Además, el sistema nervioso autónomo necesita el sueño para restaurar su equilibrio. Sin descanso profundo, el sistema simpático —relacionado con el estrés— permanece activado, lo que aumenta el cortisol y mantiene al organismo en un estado de alerta permanente. Desde una perspectiva de medicina integrativa, el sueño es una herramienta terapéutica fundamental. No es solo descanso: es regulación inmunológica, hormonal y emocional. Claves prácticas para mejorar el sueño Mantener horarios regulares para acostarse y despertarse. Evitar pantallas luminosas al menos una hora antes de dormir. Exponerse a luz natural por la mañana para regular el ritmo circadiano. Reducir cafeína y estimulantes por la tarde. Crear un ambiente de descanso oscuro, silencioso y fresco. Dormir bien es uno de los actos más simples y, al mismo tiempo, más poderosos para cuidar la salud. En una época que glorifica la productividad constante, recuperar el valor del descanso puede ser una verdadera revolución. El cuerpo sabe repararse, regenerarse y encontrar equilibrio. Pero para hacerlo necesita algo que muchas veces olvidamos darle: tiempo para dormir profundamente. Reflexión Dormir no es perder tiempo. Dormir es permitir que el cuerpo haga el trabajo más importante que existe: mantenerte vivo, sano y en equilibrio.

El despertar de la primavera: cómo acompañar al cuerpo en el cambio de estación La transición del invierno a la primavera no es solo un fenómeno climático; es un proceso biológico profundo. A principios de marzo, aunque el frío aún persista, el organismo comienza a salir del modo conservación para entrar progresivamente en una fase de activación. Este cambio, si no se acompaña adecuadamente, puede manifestarse en forma de cansancio, irritabilidad, alergias, cefaleas o desajustes digestivos. Desde la medicina integrativa entendemos que estos síntomas no son casuales, sino señales de adaptación fisiológica que merecen ser escuchadas. Durante el invierno, el cuerpo prioriza la energía interna: disminuye el gasto metabólico, refuerza la inmunidad innata y favorece procesos de reparación. Con el aumento progresivo de horas de luz y cambios hormonales asociados (melatonina, cortisol), el sistema nervioso y endocrino comienzan a reorientarse hacia la acción. Estudios recientes en cronobiología y medicina ambiental muestran que estas transiciones estacionales influyen de forma directa en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, el sistema inmune y la microbiota intestinal. Aquí aparece un punto clave: la inflamación de bajo grado acumulada durante el invierno. Alimentación más densa, menor actividad física y estrés sostenido pueden dejar un “terreno inflamatorio” que dificulta la adaptación primaveral. El resultado es una sensación de bloqueo: el cuerpo quiere avanzar, pero arrastra carga. Desde una mirada integrativa, el acompañamiento en marzo no debe ser agresivo ni basado en “limpiezas” extremas. El organismo necesita descongestionar, no ser forzado. La evidencia clínica respalda estrategias progresivas: mejorar la sensibilidad a la insulina, apoyar la función hepática de forma fisiológica, regular el sistema nervioso autónomo y favorecer una microbiota diversa. También a nivel emocional se producen movimientos internos. Muchas personas experimentan inquietud, deseo de cambio o impaciencia. No es debilidad psicológica: es coherencia biológica. El cuerpo se prepara para expandirse, y si la mente sigue anclada en el modo invierno, aparece el conflicto interno. Claves prácticas integrativas Simplifica la alimentación: platos más ligeros, ricos en fibra vegetal y grasas antiinflamatorias. Activa el cuerpo con suavidad: caminar, movilidad articular, respiración consciente. Cuida el descanso: el cambio de luz altera ritmos circadianos; la regularidad es esencial. Escucha los síntomas: no los tapes; interprétalos como señales de ajuste. Reflexión: La primavera no se impone, se acompaña. Forzar al cuerpo a “rendimientos” rápidos solo genera resistencia. En cambio, cuando respetamos los ritmos naturales, la energía emerge de forma espontánea y sostenida. La salud integral no consiste en ir más rápido, sino en ir en sintonía. 🌱 Cuando el cuerpo cambia de estación, la consciencia también está invitada a hacerlo.

Cerrar el invierno con consciencia: integrar lo aprendido en el cuerpo El final de febrero marca un umbral: no es aún primavera, pero el invierno ya está soltando. Este momento es ideal para: Revisar hábitos Escuchar señales corporales Consolidar cambios sostenibles Enfoque mente-cuerpo: ¿Qué me ha pedido el cuerpo este invierno? ¿Qué síntomas se repiten? ¿Dónde necesito más cuidado real? Propuesta integrativa: Menos autoexigencia Más coherencia interna Acompañamiento profesional si el cuerpo insiste ✨ La salud no se impone, se cultiva.

Preparando el cuerpo para la primavera: depuración consciente y sin extremos A nivel biológico, el organismo empieza a despertar antes de que lo notemos externamente. El error habitual es forzar “detox” agresivos. Desde la salud integrativa: El cuerpo se depura solo… si no lo bloqueamos. La clave es desinflamar y simplificar, no castigar. Recomendaciones reales: Reducir carga digestiva Aumentar hidratación consciente Favorecer el descanso profundo ⚠️ Menos estímulos, más coherencia fisiológica. 🌿 Prepararse para la primavera es quitar ruido, no añadir exigencia.

El vínculo entre emociones y cuerpo: cuando el síntoma tiene mensaje A mitad de febrero muchas personas empiezan a sentir una tensión interna: Deseo de cambio Cansancio de lo viejo Sensación de bloqueo El cuerpo no enferma al azar. Expresa lo que no se escucha. Claves integrativas: El estrés emocional sostenido somatiza El síntoma no es el enemigo, es un mensajero Tratar solo el cuerpo deja procesos incompletos Mirada terapéutica: Acompañar emociones sin juicio Detectar patrones repetidos Integrar cuerpo, mente y biografía 🌱 Sanar no es eliminar síntomas, es comprenderlos.

Inflamación silenciosa: el terreno común de muchos síntomas de invierno Febrero es un mes donde emergen síntomas que llevaban tiempo gestándose: Dolores articulares Niebla mental Trastornos digestivos Cambios de humor Todos tienen un denominador común: inflamación crónica de bajo grado. Desde la medicina integrativa: La inflamación no es una enfermedad, es una señal de desequilibrio mantenido. Factores clave: Estrés sostenido Alimentación proinflamatoria Disbiosis intestinal Falta de descanso reparador Abordaje mente-cuerpo: Nutrición antiinflamatoria personalizada Regulación del sistema nervioso Escucha activa del cuerpo 🔥 Apagar la inflamación es recuperar claridad y energía.

Salud emocional en pleno invierno: cuando el cuerpo habla a través del ánimo Finales de enero es uno de los periodos donde más personas refieren: Desánimo Falta de motivación Cansancio mental sin causa aparente No es debilidad: es biología estacional. La menor luz solar afecta: Ritmos circadianos Producción de serotonina y melatonina Regulación del eje intestino-cerebro Enfoque integrativo: La salud emocional no se trata solo desde la mente El intestino, la inflamación silenciosa y el descanso son claves Qué puedes hacer: Exposición a luz natural diaria Movimiento suave pero constante Cuidar el intestino como órgano emocional 🧠 La emoción no se “piensa”, se regula desde el cuerpo.

Invierno profundo: cómo cuidar la energía vital cuando el cuerpo pide silencio El mes de enero representa el invierno en su expresión más yin: frío, recogimiento y conservación de energía. Sin embargo, nuestra cultura sigue empujándonos a producir como si fuera primavera. Desde la medicina integrativa sabemos que forzar el cuerpo en esta etapa aumenta inflamación, fatiga y alteraciones emocionales. Claves mente-cuerpo para esta fase: Sistema nervioso: más sensible al estrés y a la falta de descanso. Inmunidad: necesita calor, sueño profundo y nutrición real. Emoción predominante: introspección; si se bloquea, aparece ansiedad. Recomendaciones integrativas: Ritmos más lentos y horarios regulares de sueño. Alimentación caliente, antiinflamatoria y fácil de digerir. Prácticas de respiración, meditación o paseos conscientes. 🌿 Escuchar el invierno es una forma profunda de autocuidado.